
Cuenta la historia que un día estaban los 18 hermanos de Quique Ochoa jugando en la plaza de la vuelta de la casa de Andre; donde tiempo después se encontrarían.
Algunos jugaban a la pelota, otros hacían castillos de arena, otros se subían al tobogán, las nenas jugaban a la mamá y al papá, y alguna que otra picarona, aprovechaba para jugar al doctor con algún amiguito de su hermano.
Pero Quique Ochoa, estaba leyendo un libro; La Cenicienta. Esa historia le parecía apasionante, le encantaba leerla.
El cantar de los pajaritos despertaba en el joven aprendiz una sensación de tranquilidad y paz interior.
Miraba como se movían de un lado al otro, como manipulaban sus movimientos, como suavemente bajaban y subían sus alas para volar.
Siempre le habían llamado la atención los pajaritos, pero nunca se atrevía a agarrarlos debido a que sentía que le quitaba su libertad.
Un día, Quique fue al colegio y la maestra les pidió que trajeran un pajarito. Él, indignado por la petición de la educadora, no se atrevió a atraparlo; seguía con esa idea de que quitaría su libertad.
Se pasó horas y horas mirando los pájaros: como manipulaban sus movimientos, como suavemente bajaban y subían sus alas para volar. No tenía el coraje para atraparlo entre sus manos y llevarlo a la escuela.
Al día siguiente, sus compañeros cayeron con varias tipologías de aves, pero todos los tenían encerrados, algo que no iba con la filosofía de vida SO NATURAL de Quique.
La maestra preguntó uno a uno qué habían traído.
- Sho traje un canarito maestra
- Muy bien Felipe - exclamó la catedrática.
- Vos Pedrito?
- Io una lora maetra, me la yegaló mi tío Vitor.
- Muy bien Pedrito – volvió a exclamar.
La profesora, uno a uno le preguntó por el ave que habían traído para analizar.
Llegaba el turno de Quique...
- Vos Quique, ¿Qué trajiste?
- Nada profesora
- ¿Y por qué?
- Porque no me gusta quitarle la posibilidad a los pájaros de que sean libres.
- Bueno Quique, tiene un cero, un cero GRANDE COMO UNA CADA (otro día contaremos esta historia).
Moraleja: Más vale pájaro en mano que 100 volando... Frase inventada por Quique allá en 1932.
Algunos jugaban a la pelota, otros hacían castillos de arena, otros se subían al tobogán, las nenas jugaban a la mamá y al papá, y alguna que otra picarona, aprovechaba para jugar al doctor con algún amiguito de su hermano.
Pero Quique Ochoa, estaba leyendo un libro; La Cenicienta. Esa historia le parecía apasionante, le encantaba leerla.
El cantar de los pajaritos despertaba en el joven aprendiz una sensación de tranquilidad y paz interior.
Miraba como se movían de un lado al otro, como manipulaban sus movimientos, como suavemente bajaban y subían sus alas para volar.
Siempre le habían llamado la atención los pajaritos, pero nunca se atrevía a agarrarlos debido a que sentía que le quitaba su libertad.
Un día, Quique fue al colegio y la maestra les pidió que trajeran un pajarito. Él, indignado por la petición de la educadora, no se atrevió a atraparlo; seguía con esa idea de que quitaría su libertad.
Se pasó horas y horas mirando los pájaros: como manipulaban sus movimientos, como suavemente bajaban y subían sus alas para volar. No tenía el coraje para atraparlo entre sus manos y llevarlo a la escuela.
Al día siguiente, sus compañeros cayeron con varias tipologías de aves, pero todos los tenían encerrados, algo que no iba con la filosofía de vida SO NATURAL de Quique.
La maestra preguntó uno a uno qué habían traído.
- Sho traje un canarito maestra
- Muy bien Felipe - exclamó la catedrática.
- Vos Pedrito?
- Io una lora maetra, me la yegaló mi tío Vitor.
- Muy bien Pedrito – volvió a exclamar.
La profesora, uno a uno le preguntó por el ave que habían traído para analizar.
Llegaba el turno de Quique...
- Vos Quique, ¿Qué trajiste?
- Nada profesora
- ¿Y por qué?
- Porque no me gusta quitarle la posibilidad a los pájaros de que sean libres.
- Bueno Quique, tiene un cero, un cero GRANDE COMO UNA CADA (otro día contaremos esta historia).
Moraleja: Más vale pájaro en mano que 100 volando... Frase inventada por Quique allá en 1932.

1 comentario:
El extremado sentimentalismo de Quique me lleva a pensar que es tremendo afeminado o que luego de ese episodio escolar dejose crecer el flequillo para no desentonar entre los emos.
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