
Resulta que un día venía Quique caminando por el pueblo: descalzo y entre los fieles. Pero todavía nadie lo conocía, nadie se daba cuenta que estaban caminando al lado de quien marcaría la historia del mundo, de la vida, de nosotros.
Necesitaba colgar el cartel de su verdulería, pero no tenía con qué. Entonces, se fue al bosque a ver si conseguía algún árbol. Su amor por la naturaleza, era más grande, y no tuvo el coraje ni el valor de extraer uno porque lo mataría, porque culminaría con la vida de ese indefenso vegetal.
El cartel ya estaba listo, pero no tenía cómo colocarlo, cómo colgarlo.
Pasaron los días y Quique no sabía cómo solucionar el problema: si lo apoyaba contra la pared se caía, en la vereda no lo podía dejar porque iban a multarlo, no tenía cómo colgarlo, su vida estaba al borde del abismo.
Un buen día, apareció su viejo amigo de la infancia y de aventuras: Osvaldito. Llegó para ayudarlo.
Osvaldito tenía una fábrica de postes, justo lo que necesitaba Quique para colgar el cartel que con tanta dedicación había realizado junto a sus 18 hermanos.
Pero era tan tan tan pero tan grande el cartel, que tenía que poner varios postes.
Entonces, Osvaldito le dijo:
-Quique, en vez de poner un poste en cada punta, pongamos todos los postes, uno al lado del otro para que el cartel quede más estable, no se caiga y dure más tiempo.
- Me parece perfecto –dijo Quique, y agregó: -Sería como postear el cartel?
Ete aquí la famosa frase de "postié en mi blog", una palabra que inventó Quique, allá por 1953.

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